El verano transforma la rutina en los edificios y condominios. Aumenta el tránsito, se multiplican las visitas y, especialmente en comunidades con piscinas, el uso de los ascensores se intensifica. En ese contexto, situaciones que parecen inofensivas —como ingresar mojados, permitir juegos con agua en su interior o ingresar al ascensor con bebidas, helados, etc.— pueden convertirse en un riesgo real para la seguridad de las personas.
Durante los meses estivales es habitual ver niños que suben y bajan luego de jugar en la piscina, personas que ingresan con ropa húmeda o elementos con agua dentro de la cabina o incluso con helados medio derretidos. Son escenas cotidianas que muchas veces no generan mayor preocupación, pero que pueden tener consecuencias relevantes.
El agua y los ascensores no son una buena combinación. La humedad puede afectar componentes eléctricos, sensores y sistemas de seguridad, provocando detenciones inesperadas o fallas que pueden afectar a quienes los utilizan. Cuando estas situaciones involucran a niños, el escenario se vuelve aún más delicado, ya que el peligro no siempre es plenamente dimensionado ni por ellos, ni por los adultos que los acompañan.
Desde Schindler Chile creemos que la seguridad no depende únicamente de la tecnología o del mantenimiento profesional —que es clave—, sino también del uso responsable por parte de las personas. Secarse antes de ingresar, evitar juegos con agua dentro de la cabina, no ingresar con helados y líquidos pegajosos, además de supervisar a los menores son acciones simples, pero fundamentales para prevenir incidentes y educar en el cuidado desde temprana edad.
Estas recomendaciones complementan las normas de comportamiento habituales: no maltratar los botones, no pulsarlos en exceso, no forzar las puertas (usar siempre los botones para una reapertura de puertas), no saltar en el interior del ascensor, ni contra los paneles.
En un país donde la vida en altura es cada vez más común, el transporte vertical se ha transformado en un servicio esencial para la movilidad diaria. Más aún en verano, cuando muchos edificios incrementan su ocupación o retoman su funcionamiento tras meses de menor uso. En esos casos, contar con mantenciones al día y revisiones preventivas no es solo una recomendación, sino una condición básica de seguridad.
Cuidar los ascensores es una responsabilidad compartida y, sobre todo, una forma concreta de cuidar a las personas. En verano, cuando el relajo aumenta, reforzar estas prácticas puede marcar la diferencia entre una convivencia segura y un incidente evitable.
Alfredo Morate, Gerente General de Schindler Chile.
























