- La radiación ultravioleta (RUV, 200-400 nm) representa un factor ambiental de riesgo que impacta negativamente en la salud humana y los ecosistemas, debido a su alto contenido energético. Sin embargo, también puede aprovecharse como fuente de energía en el tratamiento solar del agua. En Chile, la exposición a la RUV varía considerablemente a lo largo del territorio, influenciada por su gran extensión latitudinal, diversidad topográfica y cercanía al agujero en la capa de ozono sobre la Antártida, un problema de alcance global. Estas condiciones generan diferencias significativas en los niveles de RUV que alcanzan la superficie, desde el desierto de Atacama hasta la región subantártica.
Estudios recientes, realizados por la académica e investigadora de la Universidad de Las Américas (UDLA), Sede Concepción, Dra. Lisdelys González, han permitido el desarrollo de modelos matemáticos capaces de estimar los niveles de RUV en zonas donde no existen medidas en superficie.
González, destacó que estas estimaciones tienen múltiples aplicaciones, entre ellas el tratamiento solar del agua, lo que representa un avance significativo en diversas áreas científicas y tecnológicas. Esto fue demostrado en un estudio que realizó en 2024 en el cual empleó un modelo de transferencia radiativa para simular los valores de RUV en tres regiones de interés: Antofagasta, Santiago y Concepción.
“Estos datos se utilizaron como inputs en un modelo cinético, permitiendo determinar dos parámetros tecnológicos claves: el tiempo de tratamiento y el tamaño del fotoreactor, lo cual es necesario para el uso eficiente de energía solar en la purificación del agua en distintas regiones del país”, detalló.
La investigadora de UDLA, resaltó que afortunadamente las regiones con escasez hídrica en Chile coinciden con aquellas que poseen el mayor potencial solar, lo que abre oportunidades para el desarrollo de soluciones basadas en este tipo de energía. El aprovechamiento de esta fuente renovable permite reducir costos y disminuir el consumo energético asociado.
“En este contexto, la realización de estudios que analicen la disponibilidad de este recurso para aplicaciones solares resulta fundamental. Además de contribuir a una mejor comprensión de la climatología solar y su impacto en la fotoquímica y fotobiología”, declaró González.
Asimismo, destacó que, desde una perspectiva de impacto en la salud, estos niveles permiten la generación de mapas mensuales, estacionales y anuales de exposición. También, facilitan la realización de evaluaciones anuales sobre las dosis acumuladas de radiación solar eritemática (UVER) y sus efectos eritematosos en distintos fototipos de piel, permitiendo la identificación de hot spots o zonas de alta exposición. Esta información es clave para el diseño de programas educativos y campañas locales de concienciación sobre los riesgos asociados a la RUV, contribuyendo así a la reducción de la incidencia y mortalidad por melanoma, además de otros efectos perjudiciales para la salud relacionados con la exposición a la radiación ultravioleta.
En esta línea, la profesional explicó que se requiere un enfoque clave que demanda la colaboración entre gobiernos, instituciones de salud, comunidades y la industria privada. “Al integrar la educación, la política, la tecnología y la investigación, es posible desarrollar estrategias efectivas que reduzcan la incidencia de esta patología y protejan la salud pública”, precisó.