Frente a los incendios forestales que afectan a distintas zonas del país, académicos de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) entregaron una serie de recomendaciones orientadas tanto a la ciudadanía que busca colaborar como a las personas directamente afectadas, abordando dimensiones sociales, territoriales y de salud mental.
El sociólogo y Director del Centro de Análisis y Debate Público UCSC, Francisco Fuentes, enfatiza que la ayuda debe responder a las etapas propias de una emergencia. “Lo fundamental es acercarse a los puntos de acopio que están establecidos por distintas instituciones que están coordinadas por el Estado como los municipios para poder ayudar a las personas”, señalando que “estamos en una etapa de la emergencia donde la colaboración debe ser coherente”.
En esa línea, Fuentes advierte que es clave atender las solicitudes oficiales y priorizar lo urgente, subrayando que es la autoridad la que define inicialmente qué tipo de ayuda se requiere.
El académico también alerta sobre los problemas que genera la ayuda descoordinada. “Muchas veces la gente piensa que solamente llevando ropa se está colaborando, pero eso puede producir una sobre dimensión de ayuda en ropa que, en definitiva, entorpece y muchas veces termina en los basureros”, recalcando la importancia de informarse antes de donar.
Asimismo, Fuentes llama a ampliar la mirada hacia quienes enfrentan directamente la emergencia. “Ojo, no solamente a las personas que están afectadas directamente por el desastre, sino que también a todos aquellos que están ayudando, a los bomberos, a los brigadistas”, quienes presentan “necesidades de mascarillas, necesidades de medicamentos, por ejemplo, para el cuidado oftalmológico, como lágrimas artificiales”.
En cuanto a las personas damnificadas, el sociólogo destaca el rol central de los municipios. “Aquí es fundamental el contacto que las personas afectadas tengan con sus juntas de vecinos y con los municipios”, explicando que “el Estado funciona en una primera etapa a través de los municipios, haciendo un catastro de aquellas personas que están en una situación de crisis”, y que toda ayuda material o económica sigue ese circuito institucional.
Desde una perspectiva territorial y de riesgos, la jefa de carrera de Ingeniería Civil UCSC, Sofía Toledo, advierte sobre los efectos posteriores a los incendios. “El incendio quema la vegetación, entonces altera una dinámica que se da entre el suelo, la precipitación y la vegetación y la pendiente”, explicando que la pérdida de vegetación elimina el anclaje del suelo y su capacidad de regular el agua.
Toledo detalla que tras el fuego el suelo “queda suelto y además queda hidrofóbico, repele al agua, lo que implica que una precipitación a lo mejor muy chiquitita puede amplificarse y generar un deslizamiento”. Por ello, llama a estar atentos a señales de riesgo: “ver si se forman grietas en los muros y en el suelo, si se observan caídas de rocas o formación de barro en sectores donde antes no se formaba, especialmente en zonas de pendiente como cerros afectados por incendios”.
Recomendaciones para la salud mental en contextos de emergencia
Desde el ámbito psicológico, el académico de la Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales UCSC y Doctor en Teoría e Investigación del Comportamiento, Cristian Neira, explica que tras una catástrofe “nuestro cerebro está en un estado de alerta” y que es necesario sacarlo de ese estado mediante acciones concretas. “Hay algunas estrategias que pueden parecer simples, pero que son eficaces, como mantener ciertas rutinas básicas, entre ellas la alimentación y la higiene personal, ya que esto le va a enseñar a tu cerebro que se está retomando el control”, detalla.
El Dr. Neira también enfatiza la importancia del apoyo social. “Se ha descubierto que el contacto social, el apoyo social, disminuye los niveles de estrés, porque el cerebro interpreta ese apoyo como protección y escucha, lo que reduce la carga emocional”.
Finalmente, el académico subraya el rol de los adultos frente a niños, niñas y adolescentes. “Es fundamental que nosotros como adultos estemos regulados emocionalmente, ya que los menores van ‘absorbiendo’ el estado emocional que tienen los adultos”.
Añade que se deben validar las emociones infantiles y evitar reprimirlas, porque “a veces los niños tampoco saben qué es lo que les está pasando”. Sin embargo, el llamado es abordar el tema, incluso si se trata de situaciones duras: “si perdimos todo, perdimos todo, pero el mensaje es claro, nos vamos a reponer”.
























