¿Alergia a la leche o intolerancia a la lactosa Señales que marcan la diferencia y los errores que pueden poner en riesgo la salud
Dolor abdominal, gases, diarrea, malestar después de consumir lácteos. Son síntomas que muchas personas asocian de inmediato a una supuesta “alergia a la leche”. Sin embargo, los especialistas advierten que en la mayoría de los casos existe una confusión frecuente entre dos condiciones completamente distintas: la alergia a la proteína de la leche de vaca y la intolerancia a la lactosa. Aunque ambas se relacionan con el consumo de productos lácteos, sus causas, manifestaciones y tratamientos son diferentes, y no distinguirlas correctamente puede tener consecuencias importantes para la salud.
La alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) corresponde a una reacción del sistema inmunológico frente a las proteínas presentes en este alimento. Se trata de una de las alergias alimentarias más frecuentes durante la infancia y generalmente aparece en los primeros meses de vida. Por otra parte, la intolerancia a la lactosa se produce cuando el organismo presenta una disminución o déficit de lactasa, la enzima encargada de digerir la lactosa, el principal azúcar presente en la leche y sus derivados.
“Aunque muchas personas utilizan ambos términos como sinónimos, se trata de condiciones completamente diferentes. La alergia involucra una respuesta inmunológica del organismo, mientras que la intolerancia corresponde a una dificultad digestiva para procesar la lactosa”, explica Perla Valenzuela, académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar.
La nutricionista señala que una de las formas más sencillas de diferenciarlas está en los síntomas. “La alergia a la proteína de leche puede manifestarse con dermatitis, vómitos, deposiciones con sangre, dificultad respiratoria e incluso cuadros graves como anafilaxia. En cambio, la intolerancia suele generar síntomas digestivos como distensión abdominal, gases, dolor abdominal y diarrea, generalmente algunas horas después de consumir lácteos”, detalla.
Confusión frecuente
El aumento de información disponible en redes sociales y sitios de internet ha llevado a que muchas personas realicen autodiagnósticos o eliminen alimentos de su dieta sin consultar a un especialista.
Según los expertos, esto ha contribuido a que numerosos pacientes atribuyan sus molestias digestivas a una alergia cuando en realidad podrían estar enfrentando un cuadro de intolerancia, sensibilidad digestiva u otra condición gastrointestinal que requiere evaluación médica. “En la práctica, muchas personas eliminan todos los lácteos pensando que son alérgicas. Sin embargo, eso no siempre es necesario. Una mala interpretación puede llevar a restricciones alimentarias injustificadas y aumentar el riesgo de déficit nutricionales”, advierte Valenzuela.
La académica UNAB recalca que el diagnóstico debe ser realizado por un médico, ya que ambas condiciones requieren abordajes diferentes. “El autodiagnóstico puede generar más problemas que beneficios. Por eso es fundamental que los síntomas sean evaluados oportunamente y se determine con precisión cuál es la causa del malestar”, sostiene.
Peligro
Más allá de las molestias digestivas, equivocarse en el diagnóstico puede tener consecuencias relevantes. En el caso de una alergia verdadera, continuar consumiendo proteína de leche de vaca puede desencadenar reacciones severas que comprometan la salud e incluso la vida de una persona.
“Si existe una alergia confirmada y el paciente sigue expuesto al alérgeno, se pueden producir reacciones graves. Por eso es fundamental identificarla correctamente y eliminar totalmente la proteína responsable de los síntomas”, afirma la nutricionista.
A la inversa, una persona con intolerancia que elimina por completo los lácteos cuando no es necesario también puede enfrentar dificultades nutricionales. “Muchas veces observamos personas que restringen todos los productos lácteos por años sin indicación médica. Esto puede favorecer un menor consumo de calcio, vitamina D y proteínas de alto valor biológico, nutrientes especialmente importantes para la salud ósea y muscular”, explica.
Cambios en la alimentación
Uno de los principales errores es pensar que el tratamiento dietético es idéntico para ambas condiciones.
En quienes presentan alergia a la proteína de la leche de vaca, el tratamiento consiste en eliminar completamente todos los alimentos que contengan esta proteína, incluyendo productos procesados que puedan contener trazas. “La alergia exige una exclusión estricta. Es necesario revisar cuidadosamente las etiquetas, identificar ingredientes derivados de la leche y recibir orientación de un nutricionista para evitar exposiciones accidentales y asegurar una alimentación equilibrada”, señala Valenzuela.
La nutricionista agrega que esta situación adquiere especial importancia en lactantes. “Cuando un bebé amamantado presenta alergia a la proteína de leche de vaca, la madre puede requerir una dieta de exclusión específica para continuar entregando lactancia materna de forma segura y proteger el estado nutricional del niño”, explica.
La intolerancia suele ser más flexible
A diferencia de la alergia, las personas con intolerancia a la lactosa frecuentemente logran consumir ciertos productos lácteos sin desarrollar síntomas importantes. “Actualmente existen numerosas alternativas sin lactosa que mantienen el aporte nutricional de los lácteos tradicionales. En estos productos la lactosa ya fue descompuesta mediante la incorporación de lactasa, por lo que generalmente son bien tolerados”, comenta la académica.
Asimismo, algunos alimentos contienen naturalmente menos lactosa. “Quesos maduros, yogures y otros productos fermentados suelen ser mejor tolerados por muchas personas con intolerancia. Además, existen suplementos de lactasa que pueden utilizarse en situaciones puntuales bajo indicación profesional”, detalla.
Independientemente del diagnóstico, los especialistas coinciden en que la eliminación de alimentos debe acompañarse de una adecuada planificación nutricional. “Cuando se restringen lácteos por alergia o intolerancia es importante garantizar el aporte de calcio, vitamina D y proteínas a través de otras fuentes alimentarias”, explica Valenzuela.
Entre las alternativas recomendadas se encuentran bebidas vegetales fortificadas certificadas como libres de proteína de leche de vaca, pescados en conserva con espinas blandas, almendras, semillas y diversas verduras de hoja verde.
En definitiva, la docente de la carrera de Nutrición y Dietética UNAB subraya que “la alimentación debe adaptarse a cada persona, pero siempre manteniendo un adecuado aporte de nutrientes esenciales. El objetivo no es restringir más de lo necesario, sino lograr una dieta segura y equilibrada”, enfatiza y concluye que “no todos los problemas relacionados con la leche son iguales. Diferenciar entre alergia e intolerancia es fundamental para proteger la salud”.

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