Lancet publica estudio de nutricionistas chilenos que analizó con inteligencia artificial cómo se alimentan más de cien países

Investigadores del Comité Científico de Lácteos 

– Académicos  de la Universidad San Sebastián y la Universidad de Chile usaron procesamiento de lenguaje natural para comparar cómo distintos países redactan sus recomendaciones sobre consumo de lácteos.

– El análisis mostró que los países de mayor ingreso conectan la leche con el yogur, el queso y la prevención de enfermedades crónicas, mientras los de menor ingreso priorizan higiene, conservación y crecimiento infantil.

– Samuel Durán-Agüero, académico de la Universidad San Sebastián y presidente del Comité Científico de Lácteos del programa Gracias a la Leche del Consorcio Lechero, lideró el estudio publicado en The Lancet Regional Health – Americas.

Más de cincuenta países del mundo carecen de una guía alimentaria oficial, y la mayoría de ellos pertenece a los grupos de menor ingreso, según un análisis de procesamiento de lenguaje natural aplicado a 98 guías vigentes para comparar cómo cada país orienta sus recomendaciones de alimentos, en particular el consumo de lácteos.

El estudio fue liderado por Samuel Durán-Agüero, académico de la Universidad San Sebastián y presidente del Comité Científico de Lácteos, instancia impulsada por el programa Gracias a la Leche del Consorcio Lechero y que reúne a investigadores de distintas universidades chilenas. En el trabajo, publicado en The Lancet Regional Health – Americas, participaron también Ayleen Bertini y Hugo Cáceres-Ozimica, de la misma casa de estudios, y el Dr. Rodrigo Valenzuela, del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile.

La revisión utilizó el repositorio de guías alimentarias de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, con una sola excepción: para Estados Unidos se incorporó la versión 2025-2030, publicada después de la última actualización de ese registro. Los países fueron agrupados según los tramos de ingreso bajo, medio bajo, medio alto y alto que define el Banco Mundial, criterio que permitió comparar los textos entre economías de distinto desarrollo.

Antes de este estudio, las comparaciones entre guías alimentarias se hacían mediante revisión manual de documentos, un método que permite detectar la presencia o ausencia de un mensaje, pero no analizar la densidad ni la complejidad del lenguaje empleado. El procesamiento de lenguaje natural automatiza esa lectura y ordena la información en patrones que un examen manual difícilmente detecta. “El procesamiento de lenguaje natural, es una tecnología de inteligencia artificial que permite analizar miles de palabras al mismo tiempo y descubrir patrones que serían muy difíciles de detectar leyendo documento por documento”, explica Durán-Agüero.

The Lancet es una de las revistas médicas más antiguas y prestigiosas del mundo, fundada en 1823 y con sede en Reino Unido. The Lancet Regional Health – Americas, donde se publicó este estudio, es una de sus revistas regionales, enfocada en investigación de salud pública relevante para el continente americano.

Brecha global en el acceso a guías

El equipo constató que solo 98 de los más de 200 países del mundo cuentan con una guía alimentaria oficial vigente. Las naciones sin ese documento se concentran mayoritariamente entre los de ingreso bajo, según la clasificación del Banco Mundial.

La ausencia de guía repercute directamente en la salud pública, porque el documento cumple un rol orientador para las políticas alimentarias, los programas escolares y el trabajo de los profesionales que atienden a la población. “La guía es un orientador para generar políticas públicas y para orientar a los profesionales de la salud en las recomendaciones para la población general”, señala el académico de la USS.

El análisis de redes semánticas mostró que, en los países de mayor ingreso, la palabra leche aparece fuertemente conectada con yogur, queso, grasa y otros alimentos, y forma una red densa de asociaciones. En los países de menor ingreso esas conexiones son más débiles y escasas, lo que refleja textos más breves y un número menor de recomendaciones.

Durán-Agüero atribuye las diferencias a que  probablemente reflejan la capacidad institucional de cada país para actualizar sus recomendaciones nutricionales y traducir la evidencia científica en políticas públicas. “Las recomendaciones se van fortaleciendo en la medida que los países tienen mayor cantidad de ingresos, probablemente porque tienen más capital humano o más acceso a información”, sostiene el Dr. Durán-Agüero. El estudio no evaluó cuánto consume la población, sino cómo los gobiernos comunican sus recomendaciones alimentarias

Diferencias entre leche, yogur y queso

El estudio detectó que, en los países de mayor ingreso, los mensajes sobre lácteos incorporan cada vez más un enfoque diferenciado por tipo de producto, en lugar de tratar la leche, el yogur y el queso como un solo grupo. 

Hoy la evidencia muestra que no todos los lácteos producen los mismos efectos en salud. Por eso las nuevas guías comienzan a diferenciar entre leche, yogur y queso. Ese giro coincide con el concepto de matriz láctea, que ha ganado espacio en la literatura científica reciente, explica Durán-Agüero. “La matriz láctea es básicamente todos los componentes que trae el alimento; uno piensa en proteína y calcio, pero tiene muchos más componentes, y la matriz de la leche, el yogur y el queso es distinta”.

Según el investigador, el yogur muestra un efecto más marcado sobre la microbiota intestinal que la leche, y también se asocia a una reducción de los marcadores de inflamación de bajo grado, mientras la leche y el queso se comportan de forma neutra en ese aspecto. Esos hallazgos respaldan una recomendación diferenciada por tipo de lácteo, en lugar de una indicación única para todo el grupo de alimentos, un enfoque que ya empieza a reflejarse en las guías de países como Chile, Estados Unidos y los Países Bajos.

La presencia o ausencia de una recomendación específica sobre lácteos repercute directamente en los programas de alimentación escolar y en la atención primaria de salud. En Chile, la indicación de consumir lácteos en todas las etapas de la vida ha reforzado su inclusión en los programas de alimentación escolar.

“La presencia o la ausencia de una recomendación impacta positiva o negativamente en una política pública o en un programa alimentario; en Chile, la alimentación escolar se basa en lácteos”, cuenta Durán-Agüero.

El investigador agrega que las guías también orientan a nutricionistas y otros profesionales de salud que trabajan con población de menores ingresos en consultorios de todo el país, quienes usan el documento como referencia para sus recomendaciones clínicas.

Las versiones más recientes de las guías alimentarias de Chile, Estados Unidos y Países Bajos ya no establecen una preferencia general por lácteos descremados, reflejando la evidencia científica más reciente. El equipo ya avanza en un segundo estudio centrado en países de América Latina, clasificados según su nivel de inseguridad alimentaria, y prepara un tercer trabajo sobre lácteos y obesidad con la misma metodología de procesamiento de lenguaje natural (Por Luis Francisco Sandoval · Agencia S&M Comunicaciones). 

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