Vacaciones compartidas sin peleas

La primera semana de enero ya encuentra a muchas personas de vacaciones. Imágenes desde Coquimbo, Valparaíso, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos muestran playas y sectores lacustres repletos de familias que buscan descanso. En muchos casos, las vacaciones se viven en grupo, con varias familias compartiendo una misma casa, una experiencia que puede ser muy positiva si se organiza bien.

Carmina Gilmore, mediadora y académica del Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad de los Andes, explica que la clave está en la organización y la autorregulación. “Hay familias que distribuyen los almuerzos por semana cuando son varias, pero es importante que nadie opine sobre el menú. Quien cocina decide y los demás se acomodan”, señala.

La distribución de las tareas domésticas también es fundamental. En grupos grandes, se suelen establecer turnos de lavado de platos por día o encargados, una tarea que puede ser especialmente entretenida cuando la asumen jóvenes o adolescentes de la familia, incluso en duplas de primos.

Para Gilmore, es esencial recordar que las vacaciones son para descansar y disfrutar. Muchas veces el estrés recae en quien presta la casa o en quien asume un liderazgo impuesto, lo que puede generar sensación de injusticia, rabia y frustración. Por eso, la negociación es clave para que el descanso sea un “win win” y no unos descansen mientras otros trabajan.

Un punto crítico cuando conviven distintas familias es la crianza de los hijos. La académica enfatiza que no se debe opinar ni intervenir en la forma en que otros crían, y menos retar a los niños en público, ya que eso puede provocar quiebres importantes en las relaciones.

En cuanto a los gastos, algunas familias optan por organizar una cuenta común de supermercado y dividir el total al final de las vacaciones. Otras usan un chat para compartir boletas y hacer el cálculo. “Es importante ser muy claros, porque cobrar cuentas pendientes después suele generar conflictos”, advierte.

Finalmente, la edad de quienes comparten las vacaciones influye en la dinámica. Con adolescentes, los horarios suelen relajarse y las comidas se adaptan. Sin embargo, cuando hay niños pequeños o adultos mayores, se requiere una rutina más estructurada, especialmente en los horarios de alimentación.

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