Mientras buscamos alivio de las altas temperaturas en piscinas y playas, los oídos suelen quedar expuestos a condiciones que solemos pasar por alto hasta que aparece la molestia. Picazón persistente, dolor o la sensación de tener el oído tapado son síntomas que se repiten cada temporada y que responden a una combinación de factores propios de los meses estivales. La humedad prolongada, el aumento de la temperatura y el contacto reiterado con el agua crean un escenario propicio para la aparición de infecciones, especialmente la otitis externa, una de las consultas más frecuentes en esta época del año.
Todas estas condiciones, explica el académico de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello sede Concepción, Simone Canevari, “alteran el pH del oído y debilitan su barrera protectora natural”. Esta alteración facilita la proliferación de bacterias y hongos en el conducto auditivo externo, sobre todo cuando el agua queda atrapada y no logra eliminarse de manera espontánea.
No es el agua en sí la que causa el problema, describe el especialista, sino la exposición repetida y prolongada, especialmente cuando es agua contaminada, como la de ríos o lagos. “Sin embargo, el agua de mar y de piscina sin un adecuado tratamiento también puede provocar molestias, sobre todo si queda atrapada dentro del conducto auditivo. Esta humedad retenida puede generar irritación e infección”, asegura
A esto se suma la arena, que puede ingresar accidentalmente al oído y provocar irritación. El mayor daño, sin embargo, ocurre cuando se intenta retirarla de forma incorrecta. “Uno de los errores frecuentes es la manipulación posterior con cotonitos u otros objetos, que actúan como elementos abrasivos y lesionan la piel del conducto”, explica el especialista.
Canevari enfatiza que introducir cualquier objeto en el oído no permite un secado efectivo y, por el contrario, empuja el cerumen hacia el interior, manteniendo la humedad. “El oído no debe limpiarse por dentro. El cotonito no seca y puede provocar heridas e incluso perforaciones timpánicas. Lo correcto es secar suavemente solo la parte externa, el pabellón auricular o lo que llamamos oreja, y permitir que el oído se ventile de forma natural”, indica. Tampoco se recomienda usar secadores de pelo u otros elemento, un paño de algodón o un toalla limpia es lo mejor.
Para quienes tienen antecedentes de infecciones auditivas o pasan largas horas en el agua como surfistas o pescadores, el uso de tapones puede ser una medida preventiva útil, siempre que sean los adecuados. “Deben ser hechos a medida por un especialista y mantenerse correctamente higienizados, porque un tapón mal ajustado o sucio puede permitir el ingreso de agua o incluso generar una sobreinfección”, advierte.
La recomendación es estar atentos a las señales de alerta. Dolor persistente, picazón intensa que no cede, secreción, sensación de oído tapado que se prolonga o una disminución de la audición son motivos suficientes para consultar. El académico UNAB recalca que el tiempo es un factor clave, ya que mientras más precoz sea la atención, mejores serán los resultados del tratamiento y menor el riesgo de complicaciones.
Cuidar los oídos no implica grandes esfuerzos, sino adoptar hábitos simples y respetar los límites naturales del cuerpo para evitar que una molestia evitable termine interrumpiendo el verano.
























