Principales consejos para que las personas mayores puedan enfrentar el calor en verano

La hidratación constante, alimentación liviana con consumo de proteínas, verduras y frutas, uso de protector solar y ropa de algodón son parte de los consejos que entregan los expertos.

Llegó el verano y con ello temperaturas extremadamente altas, frente a las cuales se debe extremar el cuidado, especialmente en grupos de mayor riesgo como los niños y las personas mayores. En este último grupo, los efectos del calor pueden manifestarse de manera más rápida y severa debido a cambios fisiológicos propios del envejecimiento, enfermedades crónicas y uso de múltiples medicamentos.

Para salir de vacaciones con la familia, incluyendo a las personas mayores, es vital tener presentes los principales cuidados para poder disfrutar sin correr riesgos innecesarios.

Uno de los aspectos más relevantes es la hidratación constante. A medida que las personas envejecen, disminuye la sensación de sed, por lo que no siempre perciben la necesidad de beber líquidos, aun cuando su organismo lo requiere. Por esta razón, es fundamental ofrecer líquidos de manera regular durante el día, idealmente agua, alcanzando al menos 8 vasos diarios (aproximadamente 2 litros), lo que puede complementarse con té o infusiones sin cafeína. En personas con enfermedades cardíacas o renales, este punto debe ser siempre supervisado por el equipo de salud.

Si vas a llevarlos de paseo debes preocuparte de que el horario no sea el de mayor calor ni de máxima exposición a los rayos ultravioleta, que corresponde entre las 11:00 y las 17:00 horas. Es fundamental aplicar protector solar, ya que la piel de las personas mayores es más delgada y frágil, lo que disminuye su barrera natural de protección. También es recomendable el uso de sombrero de ala ancha y ropa liviana, idealmente de algodón, que permita una adecuada transpiración”, señala Ana Mondaca, enfermera clínica de Acalis.

Asimismo, es importante considerar que muchas personas mayores presentan movilidad reducida o dependencia, por lo que requieren apoyo activo para mantenerse hidratados, permanecer en ambientes frescos y evitar la exposición prolongada al sol.

En cuanto a la alimentación, esta cumple un rol fundamental en la respuesta del organismo frente a las altas temperaturas. Se recomienda una dieta liviana, fraccionada y de fácil digestión, asegurando la presencia de proteínas en cada comida (entre 20 y 30 gramos) para prevenir la pérdida de masa muscular y mantener un buen estado nutricional. El consumo de frutas, verduras, compotas o jaleas resulta especialmente beneficioso, ya que aportan agua, vitaminas y minerales que favorecen la hidratación.

Se aconseja evitar la ingesta de cafeína y alcohol, ya que ambos tienen un efecto diurético que favorece la pérdida de líquidos. La deshidratación en las personas mayores puede provocar consecuencias como hipotensión, mareos, caídas, confusión, alteraciones renales y descompensación de enfermedades crónicas, aumentando el riesgo de hospitalización.

Frente a una ola de calor, también se recomienda refrescar el cuerpo. Una ducha con agua fresca es ideal; si no es posible, se puede aplicar agua fría en zonas como la cara, el cuello y las muñecas, además de mantener los ambientes ventilados y con cortinas cerradas durante las horas de mayor calor.

Golpe de calor

En este contexto de altas temperaturas, es fundamental estar alerta frente a los signos de un golpe de calor, una condición grave en la que el organismo pierde la capacidad de regular su temperatura, lo que representa un riesgo importante para la salud del adulto mayor.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran mareos, náuseas, vómitos, fatiga intensa, dolor de cabeza, confusión, desorientación, piel enrojecida y seca, fiebre elevada e incluso pérdida de conciencia. En personas mayores, estos signos pueden confundirse con otras patologías, por lo que es clave actuar de manera precoz.

Ante la sospecha de un golpe de calor, es necesario trasladar inmediatamente a la persona mayor a un lugar fresco, retirar el exceso de ropa y refrescarla con compresas frías en cabeza, cuello y axilas. Se debe ofrecer líquidos, como agua o jugos, solo si la persona está consciente y puede tragar sin dificultad. En caso contrario, se debe solicitar atención médica de urgencia”, explica Ana Mondaca, enfermera de Acalis.

La prevención, la observación constante y el acompañamiento activo del adulto mayor durante el verano son claves para evitar complicaciones y permitir que esta etapa del año se viva de forma segura y saludable.

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