Claudia González Académica Facultad de Salud y Ciencias Sociales Universidad de Las Américas
Estamos viviendo un otoño indeciso entre el calor y el frío, pero hay algo que avanza con fuerza: los virus respiratorios. Aunque en la semana epidemiológica N°13 el rinovirus lidera la circulación viral en Chile, no podemos ignorar la presencia de la influenza.
Esta es una enfermedad respiratoria aguda altamente contagiosa, causada por un virus que afecta la nariz, garganta, bronquios y, en algunos casos, los pulmones. Aunque puede afectar a personas de todas las edades, representa un mayor riesgo para adultos mayores, niños pequeños y quienes tienen patologías crónicas o con sistemas inmunes debilitados. Los virus de influenza tipo A y B cambian constantemente, lo que genera nuevas variantes cada año y obliga a actualizar las vacunas. Por eso, inocularse es fundamental.
La influenza se transmite desde una persona enferma al toser, estornudar o mediante las secreciones nasales, y puede detectarse desde un día antes de presentarse los síntomas y hasta cinco a siete días después de enfermarse. Las personas ya infectadas son más contagiosas durante los primeros tres días del curso de la enfermedad y los síntomas incluyen fiebre alta, dolores musculares y de cabeza, tos seca, dolor de garganta y congestión nasal, además de náuseas, vómitos y diarrea en algunos casos.
El Ministerio de Salud lanzó la campaña de inoculación el 1 de marzo, acción clave que requiere de un fuerte compromiso ciudadano. Cabe destacar que la vacuna está disponible gratuitamente para grupos objetivos: personas mayores, embarazadas, pacientes crónicos, niños y personal de salud.
Es importante mencionar que la vacunación es la mejor forma para prevenir la influenza y sus complicaciones. Además, se recomienda adoptar medidas preventivas como el lavado frecuente de manos o uso de alcohol gel, cubrir boca y nariz al toser, y estornudar con un pañuelo desechable o con el antebrazo, limitar el contacto con personas enfermas, usar mascarillas en lugares con aglomeraciones y también en centros de salud y, finalmente, ventilar regularmente espacios cerrados como hogares, oficinas o salas de clases.