La República Democrática del Congo enfrenta el brote de ébola más letal de su historia. Al 24 de agosto, las autoridades del país reportan 5.515 casos confirmados y 2.642 fallecidos, con una letalidad cercana al 48% que en algunas zonas de difícil acceso de Kivu del Norte llega al 68,6%. Solo en la última semana se registraron más de 300 muertes.
La epidemióloga María Jesús Hald, de la Facultad de Medicina de la Universidad Andrés Bello, explica que este brote tiene una particularidad que lo distingue de todos los anteriores registrados en ese país: no está causado por el virus del Ébola Zaire, contra el cual existe una vacuna autorizada, sino por el virus de Bundibugyo, una especie distinta para la cual no existe hoy ninguna vacuna ni tratamiento aprobado.
Un riesgo diferenciado según la zona
Según explica Hald, la propia OMS mantiene una evaluación de riesgo distinta según el nivel geográfico: muy alto dentro del Congo, alto en los países fronterizos, y bajo tanto para el resto de África como a nivel global. «Que exista una emergencia de salud pública internacional no significa que el riesgo sea el mismo en todo el mundo. Significa que ningún país puede resolver esto solo y se necesita coordinación», señala la epidemióloga.
La razón de esa diferenciación está en la forma de contagio. El ébola no se transmite por vía aérea, sino por contacto directo con sangre, secreciones u otros fluidos de personas enfermas o fallecidas, o con superficies contaminadas. Además, una persona solo es contagiosa cuando presenta síntomas, nunca durante el período de incubación. «Es un virus devastador donde hay contacto estrecho sin protección, pero es un virus intrínsecamente malo para producir transmisión sostenida en sistemas de salud capaces de aislar casos a tiempo», explica Hald.
Ese riesgo bajo no es cero. En junio, Francia confirmó un caso importado en un profesional de salud que volvía de una misión en el Congo. El protocolo de aislamiento y rastreo de contactos funcionó y no hubo transmisión comunitaria en Europa, el escenario exacto para el que está diseñada la vigilancia internacional. «Un caso importado no es un brote. La diferencia la determina la capacidad de detección precoz del sistema que lo recibe», puntualiza la epidemióloga.
Un patrón que se repite
El virus de Bundibugyo no es nuevo. Fue identificado en 2007 en Uganda, con 131 casos y una letalidad de 32%, y volvió a aparecer en 2012 en el Congo, con 62 casos y una letalidad de 55%. Ambos brotes fueron controlados y de escala limitada. Este es el tercer brote documentado de esta especie viral, y su magnitud es de un orden completamente distinto.
Para el Congo tampoco es un fenómeno nuevo: es su decimoséptimo brote de ébola desde 1976. El más grande hasta ahora había sido el de Kivu del Norte e Ituri entre 2018 y 2020, con 3.470 casos y una letalidad de 66%. El brote actual ya lo superó.
Hald plantea que la magnitud de un brote de ébola no la define el virus, sino el contexto: conflicto armado, desplazamiento de población, desconfianza hacia los equipos de respuesta, sistemas de salud debilitados y detección tardía son factores que se repiten en cada episodio. «En este caso se suma un elemento que los brotes anteriores en el país no tenían: la ausencia de una herramienta biomédica específica», advierte.
Con todo, hay señales de mejora en la respuesta. El rastreo de contactos pasó de alrededor de 30% en junio a más de 85% en las semanas recientes, aunque la propia OMS ha señalado que la respuesta necesita escalarse entre dos y tres veces para lograr contener el brote.
¿Debe preocuparle esto a Chile?
Según Hald, no hay motivo de alarma, pero sí razón para mantener vigilancia. El Ministerio de Salud ya emitió una alerta epidemiológica que refuerza el control sanitario en aeropuertos, puertos y pasos fronterizos, con foco en viajeros desde el Congo y Uganda, y activó protocolos de aislamiento en la red asistencial. No hubo restricciones de ingreso ni cierres de fronteras, siguiendo la recomendación de la OMS.
El riesgo es bajo: no hay circulación local del virus ni reservorio natural en la región, la conectividad aérea con la zona afectada es muy baja y el contagio exige contacto estrecho. «A diferencia del dengue, donde el vector sí está presente en Chile, aquí no existe un ciclo ecológico local que permita que el virus se establezca», explica la epidemióloga.
El escenario a considerar es un caso importado aislado, de baja probabilidad pero alto impacto, que exigiría aislamiento inmediato y rastreo de contactos durante 21 días.
Por qué no existe todavía una vacuna
Sí existe una vacuna contra el ébola, pero no contra esta especie. La vacuna Ervebo está autorizada contra el virus del Ébola Zaire y fue clave para controlar brotes anteriores en el Congo, pero la propia OMS ha señalado que no está autorizada para prevenir la enfermedad causada por el virus de Bundibugyo, y que la evidencia sobre protección cruzada entre especies sigue siendo limitada.
Por eso la organización comprometió 70.000 dosis de Ervebo, de las cuales 16.250 llegaron al Congo el 23 de agosto, destinadas a evaluar su efectividad contra Bundibugyo dentro de un ensayo clínico, no como una campaña de vacunación con eficacia demostrada. «Generar expectativas de protección que la evidencia todavía no respalda erosiona la confianza cuando los resultados no acompañan», advierte Hald.
En paralelo avanzan otros candidatos específicos para esta especie viral, entre ellos las vacunas rVSV-Bundibugyo y ChAdOx1-Bundibugyo, además de tratamientos como MBP134, maftivimab y remdesivir. CEPI otorgó vía rápida a tres candidatos vacunales en junio, y un candidato de ARN mensajero de Moderna inició estudios en humanos en agosto, aunque los resultados de los ensayos en curso tomarán entre dos y nueve meses en el mejor de los casos.
Hald plantea que la ausencia de una vacuna para un virus conocido desde 2007 no responde a una limitación científica, sino a una lógica de incentivos: las enfermedades que afectan a poblaciones con brotes intermitentes y acotados geográficamente no generan un mercado que sostenga inversión continua. «La vacuna contra el Ébola Zaire llegó después de la catástrofe de 2014, no antes. Hoy estamos repitiendo el mismo ciclo», sostiene.





















